Como rezó el poeta, una bendición es lo que necesitan los EEUU para salir adelante con su 44º presidente, el que habrá de ser elegido de las elecciones de noviembre. De manera segura, asistimos al duelo electoral más flojo de la historia reciente americana y, en un momento tan delicado como éste -crisis, amenazas rusas, islamistas, la ONU metida hasta las orejas en mil guerras...-, lo ideal sería que entre alguna de las dos candidaturas, demócrata o republicana pudiéramos entrever, salvando las evidentes distancias, un Churchill, un De Gaulle, o, al menos, las suelas de sus zapatos. Nada más lejos de lo que ocurre.

El tema de la seguridad exterior, quizá donde encontremos la diferencia clave, estriba en que uno de ellos,McCain, va a intentar detener sin dudar los programas nucleares de Irán, mientras que el otro, Obama, parece que se lo va a pensar un poquito más, pero no dudará en proteger los intereses e ideales del pueblo americano.
Quizá podamos recordar que el último "duelo en la cumbre", un desconocido Kerry, fente a un célebre Bush tuvo casi los mismos ingredientes. Sin embargo, aquí existía el aliciente republicano de querer terminar el trabajo empezado anteriormente. Una diminuta diferencia, pero suficiente como para desequilibrar la balanza. En el resultado de todo aquello no entraremos, que bastante espinoso ha sido, acabando con el presidente más impopular de la historia de la nación.

Todo apunta a que en un plazo no muy largo, los EEUU no ostenten la aplastante hegemonía de los últimos tiempos, que haya otro u otros dos países que le podrán discutir las cosas. Frente a China y Rusia, por ejemplo, deberíamos tener claro que es EEUU quien va a defender los intereses históricos de Europa (los nuestros), por esto estamos tan atentos a lo que ocurra al otro lado del Atlántico, y también por esto, por comprobar decepcionados las cualidades del futuro "Líder del Mundo Libre", no nos queda mucho más que entonar el God bless America y que Dios nos coja "confesaos".
