Quizá me llamen tirrioso u obseso, o incluso anticuado, pero mucho me temo que le televisión pública española, aquella sin la cual estaríamos todos desinformados y manipulados (léase con la ironía pertinente), ha vuelto a cometer una de sus habituales tropelías al utilizar el dinero público con un fin simplemente superficial y, nunca mejor dicho, de pura imagen.
Como informó en su día El País, la operación, que busca adaptar la televisión pública a los nuevos tiempos, ha consistido en un curioso cambio de look, sin advertir previamente los señores funcionarios que la mejor manera de que una TV pública se adapte a los nuevos tiempos es desapareciendo o reflexionando a fondo sobre sus contenidos, y no sencillamente poner tanta publicidad como la que más, inyectar veinte horas de basura diarias, la tengamos que pagar entre todos y que, encima, sea una máquina de perder dinero.
Más dinero, según sigue informando El País, han sido los casi 600 millones de euros (unos 95.000 millones de las antiguas pesetas) los que se ha gastado el Padre Estado en llevar a cabo este cambio tan necesario.
Además, en una cultura donde entra con fuerza la moda del "vintage" y de "lo retro", me parece fuera de lugar que, después de aguantar cincuenta años con las ya míticas letras poligonales, aguantando temporales y olas de diseño fulgurantes, las tengan que cambiar justo ahora, cuando podrían empezar a ponerse de moda en chapitas y camisetas, al igual que Naranjito o las zapatillas Victoria.
No es que tenga nada en contra de los nuevos logos -no me disgustan en absoluto por frescos y directos-, pero esos insulsos números que se quedan en la pantalla para indicarte si estás viendo la 1 o la 2 son lo más horrendo de toda la parrilla televisiva y, en términos generales, no eran necesarios ni urgentes de ninguna manera.
Los ingleses, grandes derrotados del 68 con el "Congratulations" de Cliff Richard, han sido los más vehementes en las protestas. Sin saber de qué a cuándo, la Pérfida Albión (adoro este nombre) se ha encontrado con una bicoca entre las manos: una sospecha que nunca habían tenido ha ido haciéndose creíble hasta casi llegar a la evidencia. Espero que, de haber soborno, haya prescrito ya, igual que los saslatos de sus piratas en el siglo XVI.
Tanto le beneficia que se hable constantemente de Eurovisión por eso del morbillo, que no duda en machacar el crédito de otros artistas que fueron y ganaron el concurso. Massiel no es santo de mi devoción, y menos después de cuarenta años de ridículos televisivos, pero no me parece correcto tumbar a un ídolo- que para algunos supuso un empujón definitivo- por el simple hecho de ganar audencia y subir los cachés publicitarios.
Lo que en verdad me preocupa como futbolero, ya que esto de Eurovisión no me quita demasiado el sueño, es que MediaPro y sus fabulosos documentales comiencen a difundir que las Copas de Europa del Real Madrid también las pagaba Franco, para indignación de equipos ingleses, italianos y , por supuesto, el Barça. ¡Qué país!
Ahora todo ha cambiado. Después de conducir al presidente de la oposición a la derrota voluntaria o involuntariamente -ya no sé ni qué pensar-, se pusieron el mundo por montera y decidieron aupar a su candidata más afín, la que mejor les seguía el juego y diametral enemiga de otro político bastante independiente. Tanto ha cambiado la cosa que uno de los dos ha llegado a retractarse de lo predicado durante los últimos cuatro años.
¿Queréis otro Imperio Mediático con otro color en la etiqueta? ¿Tendréis luego moral para criticarlos? ¿Queréis hacer y deshacer todo a vuestro antojo con los 9 millones de votos de un importane partido? No tenéis derecho. Vosotros, como tan bien sabéis hacer, escribid, opinad, apoyad y vended, pero no critiquéis a alguien porque no siga vuestra doctrina a pies juntillas, porque eso es, precisamente, lo que hace falta en este país cainita: medios y partidos, por definición, son naturalezas diferentes.
Apoyo la iniciativa del candidato que no se acomoda en el seguidismo a los periodistas, por importantes e influyentes que sean, aun sabiendo las importantes consecuencias que esto pudiera tener en el electorado. Es más importante la libertad de acción de un presidente que la esclavitud mediática, una situación de la que el partido podría tardar en salir muchas décadas. Son malos los paquetes mediáticos vendidos a los partidos, pero son mucho peores los partidos vendidos a paquetes mediáticos.








