Aunque, desde luego, no me revista del "progresista" velo antisemita tan de moda por ahora, con el kufiya, la banderita, el puño en alto y algunas teorías absurdas sobre la posible legitimidad del Estado Palestino, no me quedo en menos de criticar abiertamente la actitud de Israel en estos días de familia y excesos.
Una superpotencia militar como es Israel, con un ejército que casi dobla en efectivos a, por ejemplo, el español, no puede esconderse tras la absurda excusa de que busca objetivos concretos y seleccionados entre la infraestructura de los asesinos de "Hamas". Con una de las Fuerzas Aéreas más importantes del mundo y el servicio de inteligencia más eficaz de todos: el Mossad- capaz, en acciones ultrasecretas, de ejecutar a ex-jerarcas nazis en la piscina de sus casas en Mar del Plata- Israel no puede permitirse que su respuesta a un minoritario aunque sanguinario grupo terrorista suní sea el bombardeo continuado de zonas civiles durante una semana matando indiscriminadamente niños, niñas, cristianos, musulmanes, propios y extraños. Por esto, y aunque le quede aún muchísimo crédito por ser el único país de la zona que permite elegir a sus gobernantes de manera limpia y clara, por haber aprovechado las "ventajas" del desierto para hacer de su país una potencia mundial y por ser un ejemplo en la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, considero que el Nuevo Estado Judío debería dar marcha atrás en esta última empresa, porque esa respuesta está completamente desmedida desde el primer día, porque tiene capacidad para acabar de manera racional con Hamas y porque el mundo libre y sin complejos quiere que acabe con ellos sin cintemplaciones, pero sin carnicerías.
El mundo no quiere ver cómo extermina a un pueblo entero -que no nación o estado- matando moscas a cañonazos, valga la expresión. Porque parece que hasta su gran aliado, los EEUU, está mirando hacia otro lado con tal de no dar un apoyo moral contundente a estos ataques desmedidos, porque el poder no consiste en abusar del débil, sino en intentar establecer el orden y la añorada Pax Romana, y el Estado israelí sabe y reconoce muy bien quién debe llevar la voz cantante en esa parte de la Tierra, aunque no conozca ni los medios ni las consecuencias de no conocerlos.
De esta manera, en el siglo XVII, los holandeses llegaron a América para fundar Nueva Amsterdam -a la postre la ciudad más importante, influyente y próspera del mundo- y llevaron así consigo su Sinterklaas para que llevara regalos en Navidad y echar un poco menos de menos sus añorados Países Bajos.
El resto, tras su exportación a Europa gracias a la expansión de la empresa, se logró adaptar el nombre en algunos países como Francia, donde pasó a llamarse Papa Nöel (Papa Navidad, textualmente, haciendo gala de su secular laicismo republicano), y lo consiguió introducir en países vecinos como España o Italia, dando lugar a lo que hoy nos avasalla, año tras año, desde televisiones y escaparates.
A lo largo de la campaña, Raúl Castro ha ido aireando a los cuatro vientos su preferencia por Obama, un tipo dialogante, soñador y carismático que podría romper con la dureza pétrea de la imagen de EEUU. Sólo podría ser él, el candidato mulato, quien pudiera fortalecer los fatigados lazos entre Cuba y Norteamérica. Sólo él podría ganar y, de hecho, sólo él ha ganado.
Ni por asomo creo que Barack Obama vaya a cambiar el mundo, (ilusiona, sí, pero siempre será el presidente de los americanos ante todo; recuerdo que también a algunos les ilusionaba ZP por lo que prometía). No cambiará el mundo, decíamos, pero sí tengo un puntito de confianza en que sea capaz de dejar a la sangrienta dictadura cubana con el culo al aire sin tirar una sola bomba. Nunca dispusieron de tanto a su favor ni de tan poco en su contra. Nunca lo tuvieron tan fácil.
No puede uno pasar por las calles cercanas al estadio con una lata de cerveza en la mano o un miserable cepillo de barrer. Aunque vivas allí mismo, como Menchu, eres sospechoso de ser un violento hooligan borracho que viene a destrozar coches entonando himnos fascistas. Si vas a visitar a Menchu con unas latas para invitarla a tomar una cerveza... te quedas con las ganas.
A todo esto y mientras todo ocurre cada quince días, Atlético de Madrid, S.A.D. sigue siendo, como indica su nombre, una Sociedad Anónima perfectamente capaz de solucionarse sus problemas (pregúntenle a Nike, por ejemplo) y que no necesita de ninguna autoridad que le proteja y le convierta en amo y señor de un barrio bastante más antiguo e importante que ella.
Ocurre en realidad que, frente a un joven mulato, de brillante paso por Harvard y un verbo, dicen, excepcional, encontramos a un anciano anglosajón que pasó seis años de tortura en una terrible cárcel de Vietnam (1967-1973) y después se pasó a la política para acumular una experiencia de casi 20 años. Los méritos de cada uno para ser presidente de la todavía nación más poderosa del mundo, en mi opinión, ni han sido constatados ni aclarados por nadie. Esta claro que uno va de rojo y otro de azul (en el sentido más "yanqui" de los términos), pero no recuerdo otra ocasión en que se tuvieran que decir menos cosas el uno al otro.
De este modo, y sin querer influir en la opinión americana como haría 






